Tengo para ofrecerte (tanto de poco),
que parece ante tus ojos mucho
pero en verdad es sólo:
Un abrazo en la lluvia,
y este dolor de espalda
por acomodar mi hombro a tu cabeza,
en largas horas de espera,
donde no cabe otra esperanza
que esperar.
que esperar.
Una noche de cualquier día
siniestro improbable, chocaron de frente.
Tu voz y mis ojos,
(se oye una sirena de ambulancia)
tu verde de siga,
mi risa espontánea,
tu silencio que habla,
mi tiempo de vida,
tu nombre secreto,
mi piel que te mira.
La misma que me recuerda que te recuerdo.
Cuando ya no te quiera te seguiré amando, todavía.
Cuando ya no te quiera te seguiré amando, todavía.
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